Alicia busca a su hijo desde hace siete años; labor de autoridades no es suficiente

México.– Un día como hoy, hace siete años, Alicia vio por última vez a su hijo “Paco”, cuando se despidió para ir a su escuela, en la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas (UPICSA), a la cual nunca llegó. Lo secuestraron.

Francisco Albavera Trejo, un joven estudiante de la carrera de Ingeniería en Informática del Instituto Politécnico Nacional (IPN), desapareció el 26 de marzo de 2012, en la entonces delegación Iztacalco, cuando se dirigía a su escuela. La última pista que se tuvo de él es que ingresó al Metro.

“Este martes estarán cumpliéndose siete años que no veo a mi hijo (…) Él se dirigía a la escuela y por la tarde envían un mensaje de su celular diciendo que lo tenían guardadito y que llamarían más tarde para que empezaran a cooperar”.

Sin embargo, “nunca más me volvieron a comunicar. No hubo ningún otro contacto”, para un posible rescate, narra la señora Alicia Trejo.

Son siete años en los que ha tocado puertas y en los que asegura, sólo ha habido promesas, ninguna respuesta y, aún más doloroso, acudir en principio al Instituto de Ciencias Forenses, antes Servicio Médico Forense (Semefo) en la Ciudad de México.

Doña Alicia se ha reunido con exprocuradores de la república, fiscales “y hasta con el mismo presidente de la República (Enrique Peña Nieto), en su momento, y lo único que hemos solicitado es que no haya simulación”.

“Yo he hecho, en la medida de mis posibilidades, todo. He acudido a todas las instancias posibles. Y, lo más difícil: buscar a un hijo en un Semefo. Eso es la muerte para una madre, ir a buscar en un Semefo con la firme esperanza de no encontrarlo ahí”, dice con voz entrecortada.

“Paco -nacido el 26 de marzo de 1990, de 1:64 de estatura, tez morena claro, ojos medianos café oscuro, cabello lacio, negro y quien como señas particulares, tiene una cicatriz en el abdomen-, nunca llegó a la escuela, el último rastro que tengo de mi hijo es cuando entró al Metro, de la Línea 1, aquí en la Ciudad de México”.

Reconoce que para los familiares de personas desaparecidas o secuestradas, nunca será suficiente la labor que realizan las autoridades hasta no dar con el paradero de sus seres queridos, “pero si nosotros tuviéramos la confianza de decir que (las autoridades) han hecho un verdadero trabajo y aun así no los han encontrado, tendríamos un poco de paz”.

Sin embargo, “el saber que verdaderamente no hacen nada y que son simulaciones, curiosamente te da más fuerza para seguir adelante”.

La pesadilla de Alicia inició desde el momento que presentó la denuncia correspondiente ante la Unidad Antisecuestros de la otrora Procuraduría General de la República (PGR), hoy Fiscalía General de la República.

“A mí me dijeron claramente: Señora, sí usted cree que nosotros vamos a salir corriendo a buscar a su hijo como en las series de televisión, está muy equivocada. Aquí, las cosas no son así. Y hoy, tristemente a siete años lo constato. No buscan a las personas. Nosotros (familiares y colectivos) hemos tenido que buscar a nuestros hijos en fosas clandestinas”.

Alicia deja claro que su búsqueda es en vida, “pero pareciera que la gente que estaba alrededor de mi hijo tiene miedo de algo. ¡Yo no sé de qué! Para mí, mi hijo es un joven estudiante sin ningún problema”.

Lamenta que los niveles de inseguridad alimenten la desconfianza de todos contra todos, “deshumanicen” a la población, al grado de ser indiferentes al dolor ajeno. “La sociedad es tan indiferente, porque tristemente yo también lo pensaba: Esto (los secuestros) sólo sucede en la televisión”.

“Esto, sólo sucede en gente que anda metida en algo malo. Esto no me va a suceder a mí y, tristemente, hoy mi hijo forma parte de una cifra cuando él debería formar parte de un país próspero, de un país con paz, lamentablemente, no es así”, anotó.

Además, “(la sociedad) nos podrá entender, podrá tal vez imaginar, pero nunca, nunca podrán ni siquiera, sentir mínimamente lo que se siente tener a un ser querido desaparecido y vivir con la angustia y la incertidumbre cada día de pensar si estará vivo o muerto”, acotó.

La mujer morena, de 1:54 de estatura, escuchó el domingo 23 de marzo, en Palacio Nacional, junto con decenas de familiares de personas desaparecidas, los tres compromisos que el presidente, Andrés Manuel López Obrador, hizo en el marco de la reinstalación del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas.

A decir: identificar los 26 mil cuerpos que están en instalaciones forenses, llamado a gobernadores a completar las 32 comisiones de búsqueda para septiembre de este año y reunión en tres meses con familiares y colectivos de víctimas para evaluar avances.

“Cuando fue el cambio de sexenio pasado (entre el presidente Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto), escuché que se haría justicia. Yo confiaba. Además, lo recuerdo: en enero de 2013 se proclamó La Ley General de Víctimas y creímos (los familiares) que era una esperanza, sin embargo, se cumplen siete años y no hay nada”.

Por ello, enfatizó, “es difícil decir que confío, aunque ciertamente yo voté por este presidente (López Obrador), por un cambio. Hemos escuchado grandes compromisos de gente de alto nivel, pero la gente que ejecuta el trabajo de campo, no lo hace. Son ellos con quienes realmente nos enfrentamos”.

Y mientras esa ayuda llega, se niega a creer algún destino fatal para su hijo. “Francisco es un chico, y yo lo llamo es, porque hasta que yo no tenga otra prueba mi hijo, él está vivo, está presente con un hombre y un apellido”.

Francisco, agrega entusiasta, “es un chico estudioso, alegre, comprometido con lo que hace y cree, que ama a su familia, porque las autoridades te hacen dudar de que se fue por decisión propia. La palabra no puedo, estaba borrada de su diccionario y sabe que el estudio es lo único que te puede sacar adelante”.

Fuente: Notimex

Fuente: Agencias