El ocaso de los partidos grandes

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Los partidos “grandes” tienen el reto de competir con una “chiquillada” que ha salido más astuta e innovadora y que puede torcer el rumbo del desgastado sistema de partidos que tenemos.

JOSÉ LUIS REYNA

La pasada elección dejó mensajes para la clase política y sus partidos: muestras de enojo e insatisfacción, muchas interrogantes y hasta el hartazgo por la forma como se hace la “política”. El voto, además, se fragmentó. El PRI obtuvo el mayor número de sufragios, pero tuvo que conformarse con 29 por ciento: ese resultado, por cierto, no fue por el desempeño económico, como dijo el presidente Peña.

 

Fue por la gran debilidad de la oposición. El PAN vio también disminuida la cuantía de sus votantes: ganó 21 por ciento de los sufragios y el PRD alcanzó 10.8 por ciento del total depositado en las urnas. Los tres partidos, apodados “grandes” por sus números previos, tuvieron en conjunto 61 por ciento.

En la elección intermedia de 2009, en conjunto y en el mismo orden,
ac apararon 77 por ciento de las preferencias electorales. Una perdida de 16 por ciento en seis años.

En contraste, hubo dos ganadores indiscutibles: Movimiento Ciudadano (MC), que rebasó 6 por ciento de los votos, y Morena, que se alzó con 8.3% de los votantes: este partido es la cuarta fuerza electoral por arriba del Verde, cuya ganancia neta en comparación de 2009, a pesar de sus trapac erías, fue de solo medio punto porcentual: acaparó 6.9 por ciento de los electores.

Un fenómeno que todavía no se analiza es que la política ha dado un giro hacia lo local o, si se quiere, a lo regional. Morena tiene su fuerza en la capital de la República, MC en Jalisc o, donde gobernará Guadalajara y la zona conurbada. En Nuevo León se impuso en la elección por la gubernatura un candidato independiente. .

La diferencia que le dio el triunfo a Jaime Rodríguez (El Bronco) fue la más amplia si se compara con cualquier triunfo de cualquier partido o candidato en las distintas modalidades de representantes que fueron electos. El binomio PRI-PAN fue barrido en Nuevo León. En todos los casos, los triunfos lucen más como logros locales.

Si así fuera, las estrategias electorales por venir, muy apoyadas por las redes sociales que jugarán un papel central en las próximas campañas, tendrán que tener como objetivos aquellas localidades que sean más proclives a un partido 0 a un candidato, ya sea independiente 0 no. Llama la atención que el voto para elegir al gobernador de Nuevo León estuvo compuesto por jóvenes entre 18 y 29 años y con estudios universitarios.
Esta conformación insinúa que muchos de los que votaron por primera vez, además de tener una escolaridad más que razonable, negaron a los partidos grandes probablemente por considerarlos obsoletos y corruptos.

No hay que pasar por alto que Nuevo León es una de las entidades de mayor desarrollo relativo del país. Lo mismo sucedió en Jalisco. Que haya ganado el candidato de MC (Alfaro) se explica porque votaron también jóvenes con estudios. Igual es el caso del diputado de Jalisco (Kumamoto), que, como candidato independiente, gastó 250 mil pesos para su campaña y su equipo de trabajo fueron sus compañeros universitarios. Nuevo León y Jalisco son entidades urbanas, con una mayor cuantía de recursos que los estados del sur del país. Los partidos “grandes” tienen el reto de competir con una “c hiquillada” que ha salido más astuta e innovadora y que puede torcer el rumbo del desgastado sistema de partidos que tenemos. De seguir así, los partidos grandes se encuentran en el ocaso de su existencia.

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