Elecciones… olvidaron las redes sociales

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Columna de @Hugogonzalez1 en Milenio

Señores políticos, dejen de gastar miles de millones de pesos en proselitismo del siglo pasado, ya no funcionan; cambien sus paradigmas. Ya no son rentables los acarreos con torta, chesco y gorra; ya no venden los tumultuosos cierres de campaña con Zócalo lleno. Ya no gasten en despensas, mantas, mandiles, playeras, cilindros, bultos de cemento, láminas o varillas.

Ya no nos saturen con insulsos spots de radio y tv donde los únicos que ganan son los productores y “creativos” de la campaña. Dejen que los medios vendan o regalen sus espacios a cualquier fuerza política, con eso ya sabríamos por quién no votar, somos adultos ¿no? Denle la vuelta plis, vuelvan la mirada a los millennials, pónganle ganitas a los medios disruptivos y a las redes sociales.
Fueron pocos los políticos que usaron estos medios emergentes para hacer proselitismo y los que lo hicieron les resultó relativamente bien. Por desgracia hubo otros políticos que basados en ideas anquilosadas siguen basados en el rollo, la promesa y la transa; por eso perdieron. En cambio hubo otros que, al filo de la legalidad y todo; usaron con relativo éxito las redes sociales. Si acaso perdieron en las urnas, ganaron en la estrategia de distracción.
Sino que los digan los amigos verdosos de la farándula chupasesos y del piojoso ambiente pambolero de sensuales curvas peraltadas. Por eso creo que varios de los triunfadores en la república tuitera han extendido su éxito a la vida real. Ellos si supieron cómo hacerlo y cómo capitalizarlo en las urnas.
De manera deliberada u omisa, a los cromañones de la política nacional se les olvidó el proselitismo en las redes sociales. Pero no se les olvido regularla (toco madera) sino se les olvido atenderlas, sentirlas, palparlas, meterse al cara a cara con los ciudadanos. Se les olvidaron los mensajes para los millones de nativos digitales y nuevos votantes, pensando que los de la generación X tenemos la neta. Se les olvidó que las campañas digitales, además de baratas, son más precisas, medibles, editables y rentables.
Ya estamos hasta el cepillo de sus choros mareadores que se escuchan tronadores solo entre las declinantes masas de votantes análogos. Aunque tampoco vale tener una robusta fan page, millones de bots followers y likes si la sustancia es una réplica de un mitin callejero. No chillen por el proselitismo en las redes sociales, no estaba prohibido; simplemente a muchos se les pasó ese pequeño y emergente detalle.

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