Oposición domesticada

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Javier Corral Jurado

En el momento más álgido de la repulsa ciudadana por la ineptitud, la corrupción y la regresión autoritaria, el Presidente Enrique Peña Nieto y la camarilla que le acompaña se alzan con mayoría en la Cámara de Diputados tras las elecciones del domingo pasado. Sumados los porcentajes del PRI, el Verde y Nueva Alianza, el oficialismo obtendrá alrededor de 260 curules en San Lázaro, con el 39.7 % de la votación total. No tendrá mayor dificultad el gobierno para transitar la segunda mitad del sexenio, como no la ha tenido hasta ahora.

Se ha asegurado la mayoría en ambas cámaras del Congreso. Logró en el Senado desde hace poco más de dos años una holgada mayoría sin tener por si mismo los escaños necesarios, pero es una realidad que la tiene para sacar lo que se le antoje, así sea una perniciosa reforma fiscal de la mano del PRD, o para hacer Ministro de la Corte a un compadre del Presidente con los votos suficientes del PAN.

En el empeño por atajar el desprestigio que enfrentan, es probable que intenten traducir -mediante alguna estrategia comunicacional-, los resultados como un refrendo a su desempeño. La intentona podría engatusar a algunos, pero la realidad siempre se sobrepone. El deterioro institucional es real, y el desprestigio de la administración federal no tiene parangón. El PRI que regresó no es ni siquiera el de Salinas, es un priismo más arcaico, el mexiquense, corrupto y corruptor. La imagen de Peña Nieto está por los suelos, asociada a ello y además, a ineptitud. Tal es el caso que la estrategia priísta invirtió dinero, medios e impunidad para transferir al Partido Verde su histórica conducta fraudulenta de la ley.

Ahora este partido – negocio de jóvenes con codicia insaciable -, fue el instrumento para burlar las reglas de principio a fin. El PRI no cometía abiertamente las fechorías, ahora las hacía el Verde, pero terminó beneficiándose de todas las que hizo su aliado, con el que convino una coalición ni más ni menos que en 250 distritos electorales. La impudicia estuvo el mismo día de la jornada electoral, cuando echaron mano de la selección nacional para usarla con fines electorales y exhibir que en los fríos cálculos de la disputa del poder, ni siquiera el futbol mexicano como valor que cohesiona, es límite para sus ambiciones. Lo que hizo el tramposo de Miguel Herrera, director técnico de la selección, como lo hicieron una docena de artistas y actores, marca el carácter corruptor de este gobierno en ese trípode que representa PRI-gobierno, Verde y Televisoras.

Frente a la mayoría de esas conductas la autoridad actuó con disimulo, dejando daños irreparables a la equidad de la contienda. Cuando intervino, lo hizo tarde y mediante una lógica simuladora en la que aplicó sólo sanciones económicas, para confirmar el redituable negocio de burlar la ley ahora y pagar después, con rebajas considerables a cargo del Tribunal Electoral y al final de cuentas, multas en las que serán los contribuyentes quienes paguen la conducta ilícita de los exitosos mercaderes de la política. Pero en este rubro poco podrían quejarse los principales competidores de esta contienda, porque esa autoridad ineficaz, cómplice y simuladora es fruto podrido del Pacto por México. Ahí se decidió integrar el INE con base en cuotas de partido, y ahí se decidió darle al PRI la mitad de los integrantes del Consejo General.

Esto último me permite decir que más allá del control de medios, de los mecanismos de cooptación del gobierno y la contumacia ilegal de la estrategia priísta vía el Verde, los motivos y las causas del desenlace electoral tienen también una amplia explicación en las debilidades de una oposición domesticada por el gobierno de Peña Nieto. El PRI se alza con el triunfo, porque tanto el PAN como el PRD se encuentran seriamente erosionados. La lucha intestina por el control directivo ha prolongado la división que abrió la derrota del 2012, no hay hasta ahora posibilidad de identificar objetivos comunes en el deber opositor, de equilibrio y contrapeso para atajar la tragedia gubernamental que padece el país. Desdibujado ante la sociedad por su ausencia crítica frente al exceso, el lugar que se identifica del PAN es flanqueando a Peña Nieto en ceremonias y boatos de proyección personal. El PRD paga caro las consecuencias de su alianza de facto con el PRI-gobierno. Ariete de gobernadores priístas, ha ido muy lejos de su “relación civilizada y cooperativa” con el Presidente. Estaba dicho: la tragedia no era el regreso del PRI, sino la ausencia de una auténtica oposición.

Si lo anterior no fuera suficiente para asomarnos a un primer balance, hay que voltear la mirada a ese fenómeno que se produjo en Nuevo León, donde un político con treinta y tres años de militancia priísta emigró del sistema de partidos y bajo la figura de la candidatura independiente se hizo Gobernador de esa entidad. El mensaje está más que claro.

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